lunes, 9 de mayo de 2016

00282 La Chica del Pañuelo

UN HOLA Y UN ADIÓS AL MISMO TIEMPO


Está en Somo, Cantabria, nuestro pequeño edén familiar. No recuerdo muy bien el año que llegó de forma inesperada al embarcadero. No sé cuál es su nombre. Ni tan siquiera sé si lo tiene. A sus pies no se lee inscripción alguna. Para mí es simplemente la "Chica del Pañuelo".

Desde el primer día que la ví me transmitió una dulce ternura. Siempre que acudo a Somo voy a visitarla y de paso, capto varias instantáneas. Siempre las mismas, tal vez distintas. Sobre todo me fijo en su cara, en esa tez que después de tantos años todavía no sé si muestra alegría por un nuevo encuentro o por el contrario, tristeza por la inminente despedida. Será que mi "Chica del Pañuelo", en una sola entrega,  funde en su rostro un hola y un adiós, una bienvenida y un hasta pronto para la libre interpretación de miradas y corazones.


Puestos a elegir, yo prefiero quedarme con el hola. Detesto las despedidas. Lo paso mal y las gestiono peor. Son de las de nudo en la garganta y parco en palabras. Lo noto y se me nota. Puede que la "Chica el Pañuelo", después de tanto tiempo y de tanto mirarla, ya lo sepa. Por eso creo que siempre me da la bienvenida y que el adiós sea tan solo un rotundo hasta luego.  "Y si, comienzo a pronunciar, ya no..." Observo entonces su tajante mirar y adivino una mueca de ingrávido enfado. No es raro. Son ya muchos años.

A mi "Chica del Pañuelo" le encanta el viento sin movimiento, la salitre del mar, las gaviotas que posan sobre su cabeza y hasta un piropo marinero. A mi "Chica del Pañuelo" sólo le falta hablar. Sin su permiso, lo hago yo por ella.











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